Publicación: Comparación de tres tratamientos para la cicatrización de heridas crónicas y su relación con la resistencia antimicrobiana. revisión documental
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Resumen
En el tratamiento de heridas crónicas existen diversas opciones terapéuticas que buscan promover una cicatrización efectiva y prevenir complicaciones futuras. Tradicionalmente, los antibióticos sistémicos y los apósitos convencionales han sido los métodos más utilizados; sin embargo, su eficacia puede verse comprometida por la aparición de bacterias resistentes y la formación de biopelículas. En respuesta a estos desafíos, han surgido alternativas terapéuticas innovadoras como el uso de extractos naturales con propiedades cicatrizantes (por ejemplo, Centella asiática o propóleos), péptidos antimicrobianos, factores de crecimiento y terapias físicas como el láser de baja intensidad. No obstante, para los fines de esta investigación, se abordarán específicamente tres enfoques terapéuticos: el uso de antibióticos, los apósitos antimicrobianos avanzados y la terapia larval. Los antibióticos suelen ser la primera opción, aunque su eficacia se ve limitada por la creciente resistencia bacteriana. Los apósitos antimicrobianos avanzados que incorporan agentes como plata, miel o yodo crean un entorno favorable para la cicatrización, aunque su efectividad puede disminuir ante la presencia de biopelículas bacterianas. Por otra parte, la terapia larval utiliza larvas estériles para desbridar tejido necrótico y reducir la carga bacteriana, mostrando especial eficacia frente a bacterias como Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SARM); sin embargo, presenta limitaciones frente a Pseudomonas aeruginosa y puede causar molestias locales. Se realizó una revisión bibliográfica en bases como PubMed, SciELO, Web of Science y Scopus, analizando estudios clínicos y artículos de revisión. Los resultados destacan que ningún tratamiento es universalmente efectivo, por lo que, en casos complejos, una combinación racional de terapias complementarias; como el uso de apósitos antimicrobianos junto con antibióticos, o la aplicación secuencial de la terapia larval seguida de antimicrobianos tópicos puede optimizar los resultados. Esta estrategia busca potenciar la eficacia terapéutica, reducir la carga bacteriana y prevenir el desarrollo de resistencias. En conclusión, frente al incremento de la resistencia antimicrobiana, es fundamental explorar opciones terapéuticas complementarias y adaptar su uso según las características específicas de la herida y del paciente. Un enfoque individualizado, que integre tratamientos según la evolución clínica, representa la vía más segura y eficaz para el manejo de heridas crónicas.


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