Publicación: Análisis exploratorio de las transformaciones territoriales a partir de la presencia de la educación superior
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La interrelación entre pedagogía, educación superior, territorio y productividad ha cobrado relevancia en los estudios contemporáneos debido a los desafíos que enfrentan las regiones en materia de desarrollo humano, económico y social. La Sabana de Occidente, ubicada en el departamento de Cundinamarca, es una región con una fuerte vocación agropecuaria, reconocida por su producción de flores, hortalizas, lácteos y cereales, siendo una de las despensas agrícolas más importantes del país. Este entorno productivo plantea desafíos y oportunidades que requieren ser abordados desde una educación superior contextualizada, una pedagogía situada, y estrategias que articulen saberes territoriales con conocimiento científico y tecnológico. La pedagogía, al situarse en contextos rurales y agroproductivos como el de la Sabana de Occidente, debe trascender el aula tradicional e integrar prácticas de enseñanza que conecten con los saberes del campo, la agroecología, la innovación agrícola y la sostenibilidad. Freire (1997) planteaba que “la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”. Esta visión es pertinente para diseñar estrategias pedagógicas que reconozcan el territorio como espacio de aprendizaje. Las instituciones de educación superior (IES) que operan en la región, juegan un papel clave en la formación de talento humano con competencias agroindustriales, administrativas y tecnológicas que respondan a las necesidades del sector agrícola. Tünnermann (2011) insiste en que la universidad debe tener una función social transformadora, la cual se concreta en este contexto a través de programas y proyectos enfocados en el desarrollo rural, la agroindustria, el emprendimiento verde y la innovación agrícola. UNESCO (2022) El territorio sabanero, más que un espacio de producción es un ecosistema educativo donde confluyen actores como campesinos, técnicos, académicos y empresarios. En este contexto, las universidades deben promover prácticas pedagógicas en escenarios reales, fortaleciendo el aprendizaje experiencial y el vínculo con el sector productivo. Escobar (2008) defiende una visión del territorio como espacio de saberes diversos, lo cual es esencial en una región donde el conocimiento ancestral y la innovación tecnológica pueden integrarse para el desarrollo sostenible. La productividad en la Sabana de Occidente no debe entenderse únicamente en términos de rendimiento por hectárea, sino también en la capacidad de agregarvalor, diversificar productos y garantizar sostenibilidad. Aquí la educación superior puede incidir mediante proyectos de investigación aplicada, extensión rural, transferencia tecnológica y formación dual. El modelo de cuádruple hélice (Etzkowitz; Amp y Zhou, 2018), que articula universidad, empresa, Estado y sociedad, puede ser una guía para alinear esfuerzos en favor del desarrollo rural integral. En un mundo donde el conocimiento se ha convertido en el principal motor de desarrollo, la educación superior asume un papel protagónico en la transformación de los territorios, especialmente en aquellos con una fuerte vocación productiva como la Sabana de Occidente, en el departamento de Cundinamarca. Esta región, caracterizada por su dinamismo agrícola, requiere de enfoques educativos que integren la pedagogía con las realidades del territorio, al tiempo que promuevan procesos de innovación y sostenibilidad. En este contexto, la productividad agrícola no puede seguir entendiéndose únicamente desde una lógica cuantitativa, sino como un proceso complejo en el que confluyen saberes, tecnologías, relaciones organizacionales y prácticas pedagógicas contextualizadas. La agricultura de precisión, entendida como el uso estratégico de tecnologías para mejorar la eficiencia y sostenibilidad de los procesos agroproductivos, emerge como una respuesta clave ante los desafíos contemporáneos del sector rural. Su implementación efectiva exige talento humano capacitado, pensamiento crítico y compromiso organizacional, elementos que solo pueden cultivarse a través de una educación superior pertinente, que articule la teoría con la práctica y que valore el territorio como un espacio vivo de aprendizaje e innovación. En este sentido, las instituciones de educación superior están llamadas a diseñar currículos, metodologías y proyectos que respondan a las dinámicas locales y globales de la agricultura, promoviendo una pedagogía situada que fomente la autonomía, la investigación aplicada y la interacción con actores del entorno. Asimismo, el compromiso organizacional de los actores vinculados al sector agropecuario —productores, cooperativas, asociaciones, empresas, instituciones educativas y entes gubernamentales— resulta fundamental para garantizar procesos sostenibles y colaborativos. Este compromiso no solo se traduce en la adopción de nuevas tecnologías o prácticas administrativas, sino también en una visión compartida de desarrollo territorial basado en el conocimiento, la equidad y el fortalecimiento de las capacidades locales. De este modo, se hace necesario reflexionar sobre la manera en que la educación superior puede aportar de manera efectiva al fortalecimiento de la productividad agrícola en la Sabana de Occidente, mediante la integración de una pedagogía transformadora, el aprovechamiento de herramientas como la agricultura de precisión, y el fortalecimiento del compromiso organizacional de todos los actores involucrados. De esta manera, se busca analizar el papel de la educación superior y la pedagogía situada en el fortalecimiento de la productividad agrícola de la Sabana de Occidente, a partir de la incorporación de la agricultura de precisión y el compromiso organizacional como factores clave para el desarrollo territorial sostenible. La Sabana de Occidente representa un territorio estratégico para el desarrollo agroindustrial de Cundinamarca y del país, no solo por su alto potencial productivo, sino también por su proximidad a centros urbanos como Bogotá, que demandan alimentos de manera constante. Sin embargo, esta región enfrenta desafíos relacionados con la sostenibilidad, la tecnificación del campo, la gestión del conocimiento y la retención del talento humano. En este contexto, la educación superior tiene la responsabilidad de formular respuestas contextualizadas que vinculen el saber académico con las realidades y aspiraciones del territorio. Este estudio cobra relevancia al posicionar la pedagogía y la educación superior como pilares para una transformación agrícola basada en la innovación, el conocimiento y la sostenibilidad. La incorporación de la agricultura de precisión como componente tecnológico clave no solo mejora la eficiencia productiva, sino que abre oportunidades para el desarrollo de competencias técnicas y científicas en los estudiantes, y promueve el trabajo colaborativo entre universidad, empresa y comunidad. A su vez, el compromiso organizacional de los actores territoriales se convierte en un factor decisivo para la implementación de prácticas que trasciendan lo técnico y se inscriban en una visión colectiva de desarrollo. Justificar este análisis significa también reconocer la urgencia de fortalecer las capacidades locales para enfrentar los retos del cambio climático, la competitividad y la seguridad alimentaria. Por ello, la articulación de estos componentes no solo aporta al debate académico, sino que propone una hoja de ruta para la acción territorial basada en la educación, la innovación y el diálogo de saberes


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